Por qué me encanta el doodle art

Para poder enseñar algo, en primer lugar tiene que gustarte. Además, si lo que vas a compartir en tus clases son herramientas, que van más allá de aprender una técnica y que te sirven para conocerte, necesitas que te hayan ayudado a ti primero.

En mi caso particular es con el doodle art con lo que consigo fluir, dejarme llevar y auto observarme.

Llevo dibujando desde pequeña, de hecho, es que nunca dejé de hacerlo. Con 8 años ya comencé a autoexigirme, a querer hacerlo bonito, bien…. y a querer impresionar a los mayores. El problema de esto fue que a partir de esa edad comencé a dibujar, colorear, a pintar siempre encorsetada, siempre tratando de mejorar y centrándome más en la técnica que en la expresión. Aprendí que cada dibujo terminado tenía que pasar por el ojo adulto para repasar los fallos (mejorarlo) y aplaudir los aciertos. Esto me ayudó a mejorar ciertamente, pero por otro lado me creó muchísima inseguridad y lo empecé a notar a medida que iban pasando los años, sobre todo cuando tenía que enfrentarme a técnicas nuevas. Me acostumbré a no experimentar y a no querer hacer mal las cosas. Mi nivel de perfeccionismo era tan grande que, muchas veces me paralizaba y pasaban largas temporadas de bloqueo creativo en los que no conseguía hacer nada. Incluso, el simple hecho de ponerme a dibujar y terminar ilustraciones, que tenía aparcadas, suponía un suplicio para mi. No dibujaba para mi, seguía haciéndolo para “impresionar” a los demás, tal y como venía haciendo desde pequeña.

Dándome cuenta de esto, decidí aparcar la ilustración digital y el actualizar mis redes sociales de forma obligatoria cada cierto tiempo. Me puse a experimentar de forma natural e improvisada con arcilla y pasta de modelar. Incluso, volví a la técnica tradicional, a dibujar y pintar con lápices de colores, acrílicos… En ese momento estaba también aprendiendo costura, así que aproveché y empecé a mezclar todas esas técnicas “a ver que salía”. Al no tener la obligación de mostrárselo a nadie, simplemente me puse a crear y descubrí una forma de hacer arte totalmente nuevo para mi. Más creativo, divertido y que me abstrae por completo.

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Uno de mis experimentos

Me encontraba en todo ese proceso creativo acompañado de autoconocimiento y exploración cuando di con el yoga y la meditación. Dieron un giro a mi vida y a mi forma de crear. De ahí comencé a interesarme por la nueva moda de libros de colorear para adultos, que la anunciaban como arte terapia y meditación activa.

Estudiando sobre esto último conocí la labor del arte terapeuta y descubrí que esa es mi verdadera vocación. Decir que los libros de colorear es arte terapia es muy atrevido, más acertado sería decir que son una herramienta que puede usarse en arteterapia.

Como siempre me había interesado el hinduísmo y la cultura de India en general, di con los mandalas, su historia, su utilización terapéutica, etc Descubrí que eran algo más que figuras geométricas para colorear cuando estás aburrido. Son herramientas poderosísimas. También por esta época, navegando por internet di con el Zentangle y el doodle Art y fue ahí donde empezó la magia.

Me encantaban los diseños de henna que las mujeres indias se hacían en las manos y se convirtieron en algo recurrente en mis propios dibujos. Eran algo parecido al “doodle art”: patrones repetitivos y la mayoría de las veces abstractos. Quise probar patrones nuevos, así que comencé a ver tutoriales por Youtube y Pinterest. Me di cuenta de lo poco que me dejaba llevar y de cuánto me costaba inventar patrones nuevos… Así que dejando de lado mis viejas creencias de querer hacerlo bonito, comencé a crear más libremente y ¿Sabéis qué? surgieron dibujos totalmente infantiles ¡Mi niña interior a la que no permití dibujar nunca lo estaba haciendo en ese momento! Aunque actualmente mis mandalas y doodles tienen un carácter más adulto, si que surgen dibujos libres de niña pequeña que me encanta descubrir 🙂

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Lo que me gusta del doodle art es la poca importancia a que el dibujo quede bonito y que tanto los garabatos y los dibujos “mal hechos” tienen cabida. Estoy desaprendiendo a dibujar y aunque me está costando volver al dibujo de un niño pequeño, lo estoy disfrutando un montón. Mi creatividad, mis ideas y mis ganas de hacer cosas están creciendo. Todas esas ataduras e ideas limitantes se están rompiendo y lo noto en más facetas de mi vida.

Ya no me importa que un dibujo no quede perfecto (nunca conseguiré hacer nada perfecto y eso me alivia) ni que le gusté a todo el mundo. Lo único que busco ahora es disfrutar del proceso de creación.

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